jueves, 31 de marzo de 2011

Que usted lo mate bien


¿Es La Moncloa?
¿Está el ‘encargao’?
¡Que se ponga!
¡Zapatero! Hola, majo, que le llamo desde el frente. 
No desde enfrente, no, desde el frente.
¡Desde la guerra! ¿Cómo que qué guerra? Desde la de Libia, la
única guerra que alivia. ¡Ah! ¿Que no se dice guerra? 
Bueno, pues que le llamo desde este conflicto porque he leído sobre la guerra
de Irak, que “las multitudinarias protestas para pedir a Estados Unidos, Reino Unido y
España que no interviniesen supusieron la primera vez que la opinión
pública global se ponía de acuerdo contra un conflicto armado”. 
¿Usted ha entendido algo? ¿Usted tampoco? Pues me deja hecho polvo. No, más que
nada porque parecerme en algo a usted, me preocupa.
Oiga, don ZP, ¿le estará dando mucha caña Rajoy ahora recordándole lo que
hizo usted cuando la guerra de Irak, no? ¿Nada? Si es que este Rajoy es muy Mariano, y
perdona las ofensas como no se las perdonan a los que él ofende. El otro día fue Rajoy a
donar sangre a la Cruz Roja y le mandaron a una horchatería, tres portales más abajo.
¿Y cómo están Almodóvar y Bardem y la madre que lo parió?
Ya habrán convocado manifestaciones de “no a la guerra”.
¿No? Pues porque estarán ocupados cobrando alguna subvención y no se habrán enterado,
que en cuanto se enteren... ¿Que no? ¡Ah, claro! ¡Se me había olvidado! ¡Que esto no es una
guerra, que es un operativo militar humanitario en el marco de una operación internacional
conjunta! 
Hombre, amí me recuerda la de Irak porque hay algunos muertos que por más que les insistes no se levantan.
Yo creo que lo hacen por fastidiar.
Oiga, don José Luis, que digo yo que si vemos a Gadafi, ¿qué hacemos, le pegamos un
tiro o le invitamos a cenar? ¡Ah, vale, es que como la última vez hicimos lo segundo...!
Bueno, dígale usted a doña Carme que ya tenemos el submarino.
Sí, nos ha llegado por correo esta mañana. ¿Cómo que no era un submarino? ¿Que era
un barco? ¡Jo, así nos ha costado hundirlo! Bueno, de todas maneras, si ve usted al Indalecio,
el del polvorín, uno bajito con gafas, dígale que nos mande los planos de las armas. No, de
las nuestras no, de las de Gadafi, que como se las hemos vendido nosotros... para saber cómo
desactivarlas.
Bueno, don José Luis, muchas gracias, majo. ¡Oiga!
¿Sus hijas no estarán por ahí? No, porque digo yo que si las colamos de noche en el palacio
presidencial para que las vea Gadafi cuando se despierte, igual sale corriendo del país y
nos ahorramos tiempo. Bueno,pues nada, otra vez será. Que usted lo mate bien.

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